Aves y tendidos eléctricos

Los impactos de las infraestructuras eléctricas más frecuentes son alteraciones paisajísticas (cuya magnitud dependerá de la naturalidad del paisaje), incremento de la polución atmosférica (tanto por los campos eléctricos como por el ruido producido por el efecto corona, muy frecuente en las líneas de transporte), cambios en el hábitat (tanto por la destrucción que se produce en el entorno inmediato de la línea como por la fragmentación y los efectos de borde asociados que éste genera) y finalmente las interacciones con la fauna.

En el caso de la infraestructura eléctrica hay interacciones positivas, puesto que constituyen lugares de nidificación así como posaderos y oteaderos, lo que favorece a numerosas especies, como a las águilas imperiales de las imágenes. Pero también hay interacciones negativas, y estas parecen tener un mayor peso. Se trata de mortalidad directa ocasionada por colisión, enganche y electrocución, así como los efectos negativos derivados de los campos electromagnéticos, que han sido menos estudiados. Dada la magnitud de ambos tipos de interacciones, se han estudiado mucho más aquellos aspectos negativos que los positivos, aunque, indudablemente, éstos existen.

Las interacciones negativas entre tendidos eléctricos y aves son conocidas desde hace mucho. Aunque en el siglo XIX ya se habían detectado muertes de aves por colisión con hilos telegráficos y posteriormente se publicaron diversas noticias acerca de electrocuciones de aves de presa (p.ej. Hallinan, en 1922), fue a partir de los años 70 cuando empezaron a efectuarse estudios por todos los Estados Unidos y con algo de posterioridad en Europa.

En España los primeros datos proceden de los trabajos del naturalista Jesús Garzón, cuando encuentra varios cadáveres de águilas imperiales ibéricas (Aquila adalberti) en el Parque Nacional de Doñana y lo comunica en un congreso internacional en Viena (1977). Desde entonces y hasta ahora, la interacción con las líneas eléctricas se ha revelado como una de las principales causas de mortalidad de la avifauna española. Se han llevado a cabo numerosos estudios, que han revelado la interacción con tendidos eléctricos como una de las principales causas de amenaza de numerosas aves.

De acuerdo al Libro Rojo de las Aves de España, hay un total de 24 especies amenazadas para las que las interacciones con tendidos resultan una de sus principales causas de amenaza. Entre estas especies se encuentran algunas de las más amenazadas, como el águila imperial ibérica, el águila perdicera o la avutarda hubara.

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